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Dana y su visita gastronómica en Mostar-Bosnia

“Llegué a Mostar en colectivo desde Split, en Croacia. El clima había cambiado y el cielo estaba lleno de nubes, pero por suerte había parado de llover. Aunque ese tipo de clima me abría aún más el apetito.
Con el gps ubico el hostel. Camino y después de preguntarle a un enfermero, llego a “Hostel Mirror”.
Me recibe el dueño con un “Hurmašica”, un dulce tradicional de origen turco, es una especie de bizcochuelo firme, bañado con mucho almíbar y un “Sharbat”, una bebida muy dulce y fresca hecha de pétalos de flores o frutas, en este caso de orquídea. Las dos cosas elaboradas por su madre.
No suelo comer dulce pero este hombre insistió tanto que pensé que si no lo comía se iba a poner mal y un poco le estaría faltando el respeto.
Lo pruebo y si, era excesivamente dulce! No se si rico pero único, especial.
Ahora si, siendo las 16:30 hs necesitaba comer. Con un chico del hostel y dos amigos fuimos en busca de comida. Había poco abierto a esa hora, ya que es un pueblo chico y en esta época no hay demasiados turistas.
Un cartel y un pasillo nos llamó, nos metimos, pasamos un edificio turco y ahí estaba, un restaurant chico, con algunas mesas afuera desocupadas por el mal clima. Entramos no sabiendo si estaba abierto al público y vimos sentado en una mesa al que creímos que era el dueño, mirando la tele.
Apenas nos vio, se levanta y nos deja el lugar, una mesa grande, ya puesta con mantel de goma, vasos, platos dados vuelta y cubiertos.
Éramos los únicos en el lugar. Enseguida trae el menú, el cual por suerte tenía fotos y además estaba Mark, que era alemán, y podía hablar algunas palabras con el dueño. En Bosnia, casi toda la gente grande sabe hablar alemán, por la influencia de la segunda guerra.
Había un vegano por lo que se dificultaba un poco la elección ya que casi toda la gastronomía Bosnia es a base de animales y lácteos.
Sus platos son de cocciones largas, con ingredientes y especias locales. Son preparaciones de supervivencia, como las llamo.
La carne siempre guisada o desmenuzada porque se comía lo que se cazaba y había que hacerlo durar. Siempre está presente el carbohidrato, ya sea en arroz, o en papa o en alguna masa rellena u hojaldrada, esta última se utilizaba mucho para disimular su frescura.
Con uno de los chicos, un Egipcio, decidimos compartir el plato que traía un poco de todo de algunas preparaciones típicas serbias, traía “Punjena Paprika”, que es paprika rellena de carne y arroz en salsa de tomate y “Sarma”, una hoja de repollo rellena del mismo relleno de la paprika, servida también en salsa de tomate. El plato se completaba con “Bosanski Lonac”, que es un guiso de cordero (en este caso) con papa, zanahoria y repollo cortados en pedazos grandes y un puré de papas. Los colores del plato eran muy similares, todas las preparaciones eran muy simples, con recetas clásicas que seguramente vienen pasando de generación en generación y eso es lo que las hace perfectas, no hay bocado que no este probado y re probado, no hay manera de que el plato falle.
Otro de los chicos pidió solo el plato de “Sarma” y el vegano una sopa de tomate con una rodaja de pan y una ensalada mixta.
Tomamos vino local y estaba bien. Pedimos Sauvignon Blanc, una de las uvas típicas de la región.
Pagamos un poco menos de 4 U$S cada uno y seguimos nuestro día cada uno por separado, un poco apurados porque ya bajaba el sol y había mucho que conocer!
Después de caminar todo lo que pude por las calles empedradas, el paisaje descuidado y salvaje y los edificios en ruinas de este pueblito, me senté en un bar en frente del puente de Mostar a tomar un café turco, en un silencio que no retumbaba, todo lo contrario, me envolvía como pocas veces me ha pasado.
Volviendo al hostel me compro un “Zeljanica:, una masa hojaldrada o capas de masa philo con aceite o manteca clarificada rellena de verdura o de verdura y queso. Son grandes y depende del lugar donde se haga tienen diferentes formas y varía la cantidad de relleno.
Con el Zeljanica en mano entro a un supermercado, como nunca puede faltar a cualquier lugar al que visito. Estaba lleno de paquetes de café turco y pocos de café normal. Kefir, yogur y quesos untables cremosos, inundan la zona de lácteos. Compré un par de salsas picantes y especies de mostaza, un par de mandarinas (las locales son chiquitas, jugosas y ácidas), unas berenjenas y una especie de repollo.
Feliz y con mis compras, me pongo a cocinar en la casa. Mis amigos llegan con un vino y nos ponemos a charlar, por suerte era divertido porque compraron el vino más feo que jamás tomé, casi igual al sabor de un perfume. Lógicamente el vino no se terminó pero tuvimos muy lindas charlas y culturas compartidas para poder pasar el frío de la noche Bosnia con una sonrisa más que grande.”

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